Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol Nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol Nacional. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de noviembre de 2014

Y el Madrid volvió


13 de junio de 1956. Parque de los Príncipes, París. 38.239 almas, testigos presentes del inicio de la leyenda. Y sobre el césped, epicentro de un escenario mucho más austero que los deslumbrantes focos que ciegan hoy desde la flamante y glamourosa Champions League, dos contendientes: Real Madrid y Stade de Reims, la primera final de la historia en la ciudad de la luz, único foco necesario para un fútbol campechano y sencillo, puro y del más general disfrute. El blanco y negro teñiría por aquel entonces las crónicas de la primera batalla, una competición cuyo éxito ignoraban incluso sus propios creadores.

La Copa de Europa se convertía en un intento más de buscar una gloria mucho más elevada para quienes, insaciables, ya habían tocado el cielo en sus particulares desafíos. Para el Real Madrid, no obstante, que ya había desplegado sus alas un 6 de marzo de 1902, aquella fecha, acontecida 42 años después, se convertiría, aun sin saberlo, en la de su segundo nacimiento. Y es que el Parc des Princes se convirtió en la particular forja en la que a golpe de goles incandescentes, de la amenaza de la derrota, como el agua que calma al hierro haciéndolo humear y de aquel que observa su obra al verla finiquitada, fraguó una leyenda única en la historia del fútbol mundial.

"La camiseta del Real Madrid se puede manchar de sudor, de barro e incluso de sangre pero nunca de vergüenza", Santiago Bernabéu

Michael Leblond necesitó arrancarle únicamente seis minutos al cronómetro para marcar el que sería el primer gol de una final de la vieja Copa de Europa para el Stade de Reims; un mazazo en los corazones blancos que ni siquiera sabía cómo encajarse; un gol en contra, uno más de esos que, en el devenir de un partido de fútbol, se conveirte en el precio a pagar para un equipo ofensivo, que lanza a sus hordas al ataque y que está dispuesto a cerrar la batalla con bajas, con heridas, con daños y cicatrices. Eso es un gol en contra. Pero... tres vueltas más de la aguja del reloj y segundo mazazo, esta vez, de Jean Templin. Y aquel momento, minuto nueve, algo chascó en la cabeza de aquel guerrero orgulloso vestido de blanco, dispuesto a sangrar para proclamar su victoria pero reacio a la humillación. "La camista del Real Madrid se puede manchar de sudor, de barro e incluso de sangre pero nunca de vergüenza". Las palabras que un día brotasen de los labios de Santiago Bernabéu, comandante general de aquella horda blanca, activó el orgullo de los guerreros, que enarbolaron sus armas, acuciados por ese algo especial que sólo sabe despertar Europa.

No podía ser otro. Alfreo Di Stéfano marcó, en el minuto 14, el primer gol delReal Madrid en la historia de las finales de la Copa de Europa, pues siSantiago Bernabéu era la voz guía del equipo más allá de la línea de cal, el hispano argentino lo era sobre el campo de batalla. El segundo tanto encajado fue un golpe de orgullo que desataba la furia vikinga en una confirmación que llegó con el segundo tanto blanco, el anotado por José Héctor Rial a la media hora, estableciendo un merecido y trabajado empate. Pero Europa no vende baratas sus victorias y esta era una lección que aún tenían por aprender los blancos: Michel Hidalgo adelantaba de nuevo a los suyos en la segunda mitad, lanzando una advertencia definitiva para los blancos, que ya no necesitaron más. Joseíto Iglesias reafirmaba la voluntad 'merengue' de no capitular en el transcurso de unos minutos que ya habían desprendido la suficiente esencia de lo que se pone en liza en el viejo continente. Y en la carrera hacia la extenuación, José Héctor Rial,anotaba el gol del triunfo en el minuto 79 y el estallido de júbilo en el madridismo, que expuso con claridad lo que era la gloria europea.


El Real Madrid conquistaba su primera Copa de Europa, la primera que se ponía en juego y aquello sería solo el principio. Durante la longeva historia de la máxima competición europea, hasta 22 equipos han logrado conquistarla. Muchos de ellos, se mantuvieron en una élite de creciente exigencia que, más allá de convertir a laLiga de Campeones en un desafío, hizo lo propio con el camino hasta ella; en ese trazado, otros desaparecieron, engullidos ante retos que no pudieron resitir. Pero sólo el conjunto blanco se ratificó en la cima europea las suficientes veces, con la suficiente voluntad, el suficiente tesón y la suficiente lealtad consigo mismo como para poder hablar de la Copa de Europa como 'su' competición, como parte de sí mismo. Doce finales disputadas y nueve conquistadas son bagaje suficiente para ello. Así lo siente el madridismo.

Durante 32 años, los blancos se vieron lejos de ese anhelo que habían hecho suyo


Tras una época dorada que encandiló al mundo bajo la jerarquía de un Madrid imperial, la cita con la Copa de Europa y con la gloria tiñó de blanco el corazón de los más fervientes admiradores del fútbol, de los más reacios, incluso; de sus proezas quisieron tomar ejemplo otros tantos, que vieron en el blanco el color de la conquista y en la lucha sin descanso el único camino hacia ella. Pero las pruebas de fuego en el camino hacia la grandeza van más allá de poner frente al reto a quien una y otra vez lo ve superado. Alzarse victorioso en la competición no es fácil pero llegar hasta ella para afrontar el desafío, tampoco y durante 32 dolorosos años, los blancos se vieron lejos de ese anhelo de todos que ellos habían hecho suyo, asistiendo en la distancia como ese amante dolido que ve a su amor platónico en brazos de otro, sin derecho a reclamarlo, sintiéndose digno de ello muchas veces pero conocedor de que la conquista no se merece, sino que se obtiene. Lejos de desesperarse, el glorioso supo esperar su momento, agazapado, curando heridas de derrotas con balsámicos momentos más allá de Europa que daban aire para continuar en la lucha. 

Y ese abrazo esperado, ese idilio interrumpido encontró un escenario y un rival a la altura para reconstruirse. Amsterdam. Juventus de Turin. Y la gloria, 32 años después. El gol de Mijatovic se elevaría a los altares de esos momentos mágicos capturados en recuerdos que conforman el particular museo que existe en la mente de todo madridista. Unos vivieron esos instantes magnánimos como testigos de excepción; otros fueron receptores de las gestas de su equipo por boca de sus mayores, que describen con toda la fidelidad y nostaliga posibles la consecución de aquello que les había hecho grandes. Pero de una u otra forma, a través de lo vivido y de lo narrado, esos goles, esos regates, esos gestos se grabaron a fuego en la memoria de una afición que extiende su particular imperio hasta cada frontera que el Madrid tumbó con fútbol, las fronteras del mundo. En Amsterdam prendió un fuego vivaz que había ido pereciendo lentamente, extinguiéndose y cuya eclosión trató de manterse contra viento y marea, llegando a conseguirse ya en una atmósfera muy diferente a aquella final de París, sencilla y austera, con el fútbol como gran espectáculo. Y de nuevo la ciudad de la luz recibió a su primer campeón.


Año 2000, España como estandarte y capital de la vieja Europa. Real Madrid y Valencia. Estadio de Saint Dennis y los blancos reafirmando su voluntad de que no volvieran a transcurrir tres décadas para alzar una copa, 'suya' por derecho, en una competición en la que, a pesar de la tregua forzada, había brillado y gobernado más que nadie. Fernando Morientes, Steve McManaman y Raúl González Blanco prolongaron el escrito de un libro destinado a no acabarse, a ser siempre capaz de sacar una página más cuando todos lo creen ya concluso. La octava se alzaba al cielo de París y al cielo de Glasgow se alzó la novena dos años después tras una parábola mágica del mago, Zinedine Zidaneque detuvo el tiempo en una tregua de la propia existencia para deleite del planeta fútbol, una obra de arte que no por la sencillez de quien la ejecutaba perdía un ápice de magnificencia. El estratosférico vuelo de aquella volea nacida en botas del astro francés, rompía el empate reinante en el marcador, obras previas de Raúl González -presente el capitán eterno en todas ellas, como presente el escudo- y Lucio, convertido en ese escollo que da lustre a la gesta por afrontar lo adverso.


Cristiano Ronaldo recoge el testigo de Alfredo Di Stéfano


Ahora aguarda sereno el cielo de Lisboa. Por el momento, las del firmamento son las única estrellas que brillan sobre el estadio del coliseo portugués, cuna que vio nacer en lo futbolístico a Cristiano Ronaldo, testigo recogido con firmeza en manos del portugués de aquella leyenda a la que don Alfredo daba forma por vez primera en París. El luso parte hoy con una ventaja con la que no contaba la escuadra de la Saeta Rubia; también con una losa más pesada. La grandeza delReal, esa que durante 12 años desde la última conquista, su afición juró y perjuró que volvería, le otorga en buena parte al conjunto blanco la condición de favorito para alzarse con una corona cuya importancia conoce de sobra; como conoce también el precio de Europa para proclamarse grande. Esa misma grandeza obliga al equipo a rendir homenaje a su pasado en cada andadura sobre un campo de fútbol; con más razón en finales; con más razón en Europa; con más razón aún en finales de Europa.


"Volvermos". Fue el grito unánime de una hinchada responsable y escudera de su propia historia durante años, los mismos que obligó la espera, la superioridad de los rivales y en otras ocasiones, esa fortuna esquiva que se convertía en verdugo de un idilio nunca exento de trabas pero perpetuamente convencido de su realidad: el que existe entre el Real Madrid y la Copa de Europa. El nuevo fútbol la bautizó como Champions League, nombre de más lustre en otros tiempos distintos, de más pomposidad y de más protagonistas que aquellos 22 que saltan al campo. En medio de esa esfera, el madridismo aguarda un momento para la historia, un instante mágico que capturar a salvo del implacable avance del tiempo, imperecedero, eterno; como eterna su historia.

La respiración, contenida; los dedos entrelazados en un mudo ruego al dios del fútbol, si es que este existe, la más absoluta confianza en su equipo y el más regio respeto al rival. Todo eso se conglomera en una magia que sólo existe en las grandes citas europeas, en las noches de fútbol continental porque no por longeva, la historia del Real con la 'Champions' ha perdido un ápice de ese hormigueo que se siente en el estómago y aciende por la garganta para estallar en el canto de un gol marcado, para desgarrarse en la rabia de uno encajado. Todo puede ocurrir en la suerte de 90 minutos -mínimo- en los que durará la batalla pero el Madridplantará cara como siempre se le exige porque independientemente de lo que acontezca en Lisboa, el Madrid ha vuelto.

Y a la décima conquista su corazón descansó


No podía ser de otra forma. Empezó un arduo trabajo que consistía en convertir a un club de fútbol en leyenda y en la tarea invirtió su vida entera. En un fútbol ataviado de la sencillez del blanco y negro, con esos balones alejados de efectos extraños que requerían de un impacto con el alma para atravesar metas rivales, en campos de fútbol donde el barro y la imperfección se convertían en parte ornamental de una batalla tras otra, Alfredo Di Stéfano dio inicio al mito. Su controvertida llegada a Chamartín supuso un punto de inflexión que, probablemente, ni siquiera él mismo podía imaginar. Los devenires de la vida y el fútbol se las ingeniaron para que aquel argentino campechano acabase vestido de blanco y defendiendo con vehemencia un escudo que acabaría haciendo suyo.


Resulta curioso saber que los cimientos de algo tan poderoso como el Real Madrid descansan sobre la sencillez de Don Alfredo

Los jugadores van y vienen; durante ese vertiginoso trayecto, pocos logran aliarse con los colores desde un sentimiento sincero; mucho menos enamorarse; enamorarlos. Pero Don Alfredo era argentino y la conquista era parte inherente de esa sangre que latía en su corazón y recorría sus venas con la misma vitalidad con la que él gambeteó sobre el césped de los más grandes estadios del mundo. La Saeta no sabía hacer algo sin ponerle corazón, sentimiento. Ese corazón que el pasado sábado le fallaba y que durante toda su vida alentó cada paso que dio en una lucha insaciable por ser quien fue, quien es y quien será siempre; por hacer del Real Madrid la mayor institución deportiva en la historia. Resulta curioso saber que los cimientos de algo tan poderoso descansen sobre la sencillez y la humildad que destilaba Don Alfredo.

Un corazón que, desafiante en lo más vigoroso de su vida, fue capaz de doblegar a las indomables gradas de Chamartín, nunca henchidas de éxito, siempre insaciables y generadoras de una exigencia sin límite, sin piedad, sin concesiones."El Real Madrid era como la canción de Alberto Castillo -decía Don Alfredo- 'Todos queremos más, todos queremos más, más y más y mucho más'. Era una fuente inagotable de deseo y la responsabilidad iba aumentando". Esa humilde molestia de perderse en los entresijos del Madrid, en sus entrañas, en sus latidos, de entender los mecanismos internos de su funcionamiento, llevaron al hispano argentino a convertirse en parte insustituible de él.


Aquellas conversaciones campechanas con Don Santiago Bernabéu son hoy una imagen tan mítica como los grandes goles que dejaron su impronta en cada estadio y que escribieron un pedazo de la historia para el club de su corazón. 739 partidos jugados; de ellos, 469 con el Real Madrid. 523 goles anotados, siendo 357 para su Real, aunque los números sean hoy lo de menos. Ese equipo al que convirtió en el más grande consiguiendo, por primera vez, cinco Copas de Europa consecutivas. El Madrid de don Alfredo despertó un sentimiento alrededor del mundo que conglomeró en sí mismo una fusión de conceptos tan complejos como fascinantes: la admiración sin envidia malsana; el aplauso sincero del que, más allá de colores, se rendía a la evidencia de un fútbol como forma de vida, como diversión, de unos retos constantes acometidos con una sonrisa en la cara, consecuencia natural del que disfrutaba haciendo lo que más amaba. Sin la presión de una exigencia que Don Alfredo llevaba grabada a fuego en sí mismo, en su natuaraleza, en su personalidad.

Di Stéfano: "Yo soy toro en mi rodeo y torazo en rodeo ajeno"
Y no todo fue siempre de color de rosa en la vida de La Saeta, que superó trabas y obstáculos en la firme convicción de que lo verdaderamente importante acarreaba sufriemiento; nunca hubo triunfos sin remontadas, sin rivales grandes enfrente, sin desafíos más allá de los cuales aguardase un vacío incierto amenazando fracaso. "En las malas, para demostrarles que no me achicaba, yo me acordaba de una máxima de Martín Fierro que dice: 'Yo soy toro en mi rodeo y torazo en rodeo ajeno' ". Las palabras, fruto de una labia tan irresistible como su propio fútbol, evidenciaban que el miedo no tenía cabida en su existencia. Todo cuanto el destino deparó en su vida fue afrontado y del triunfo y la derrota Don Alfredo extrajo siempre algo positivo.


No podía marcharse sin su Décima


En ese conocimiento sereno de que lo bueno se disfruta y lo adverso se supera y queda atrás,Don Alfredo esperó paciente, coronada su ilustre carrera como presidente de honor de unReal Madrid que ya no le vio nunca moverse de su lado; La Saeta esperó, con calma, con tranquilidad, convencido de que aquellas viejas glorias que hicieron grande a suReal, volverían. La Sexta apenas le había hecho esperar tiempo atrás; la Séptima se hizo algo más de rogar, mientras que la Octava y la Novena le regalaron un espejismo del camino que él mismo trazó, convertido ya en un símbolo tan sagrado como el escudo, algo al alcance de pocos; de muy pocos jugadores sobre el planeta. Pero la Décima sería especial: sería la última para él. El premio a la paciencia perseverante de quien ya no podía batallar por las conquistas sobre el tapete de un campo de fútbol pero lo hacía en la faceta de aficionado experimentado, con la seguridad de que llegaría. No podía marcharse sin su Décima y en realidad, más allá de un corazón que, cansado y lleno de vivencias que guardará para siempre en un viaje sin retorno, ha dejado de latir, Don Alfredo se concede la licencia de vivir para siempre.


Su corazón seguirá latiendo en cada gol, en cada estallido de la afición, en cada copa que se alce al cielo... y en cada golpe del que el Madrid se levante
En el Real Madrid, La Saeta Rubiaentregó su fútbol, su vida, su sangre, su voluntad y su todo. Entregó su ilusión, su lealtad, su fidelidad, su amor, su devoción. ElSantiago Bernabéu nunca dejó de percibir su presencia; una sombra alargada que permanecerá infinita en ese césped perfecto, impoluto que atestiguó jugadas para la eternidad; su camino está trazado y el sueño de aquel argentino que llegaba a España es una realidad confirmada desde hace muchísimos años. Todo eso, le concedió a Don Alfredo la licencia de ataviar su corazón con un escudo que prolongó sus latidos un tiempo extra, rebelándose ante el final de un partido que nunca quiso acabar: el de respirar. Por todo eso, también, el corazón de Don Alfredo seguirá latiendo con cada zancada que un jugador del Real Madrid dé en la búsqueda de ese gol, con cada estallido de un estadio entregado a la victoria y con cada copa de Europa que el capitán madridista alce al cielo. También en cada golpe del que los blancos se levanten y en definitiva, en todo aquello que denote que de don Alfredo Di Stéfano Laulhé se aprendió algo, que de él quedó un legado que trasciende a lo futbolístico y corona lo humano.

Ahora es tiempo de que La Saeta se reúna con Santiago Bernabéu, su gran valedor, en otra de esas charlas tranquilas con el presidente para comentar un triunfo en un partido digno de enmarcar: el de su propia vida. Descanse en paz,Don Alfredo.

Alfredo Di Stéfano, caballero del honor


Dicen que uno no es grande por el espacio que ocupa cuando está, sino por el vacío que deja cuando se va. Cuando el Mundial de fútbol eche el telón en Brasil tras conocerse al nuevo rey; cuando el verano irradíe con fuerza sus más intensos rayos de sol y la nueva temporada dé su pistoletazo de salida, algo será diferente en el Santiago Bernabéu, un estadio que de pronto se verá un poco más grande, sin la figura de Don Alfredo sentado en el palco empujando con esa fuerza que sólo los grandes son capaces de transmitir desde fuera. Por primera vez en 60 años, los ojillos vivarachos de ese viejo -como dicen en su tierra- no estarán fijos en lo que acontezca sobre el rectángulo de juego de ese estadio que le vio nacer, consagrarse y prácticamente morir sobre él. Porque Alfredo Di Stéfano quiso ir de la mano del Madrid hasta el último momento, sosteniéndose en la fuerza que él mismo le había impregnado a su escudo cuando este era sólo el de un equipo de fútbol con grandes aspiraciones pero perdido en el camino hacia su consecución.

Simeone: "Adiós maestro, que nunca le falte una pelota allá arriba"

Al menos el prisma no será el mismo. "Adiós maestro, que nunca le falte una pelota allá arriba". Es el deseo de uno de sus compatriotas, uno de los tantos que hoy se vuelcan en fortalecer un recuerdo que el mundo del fútbol ha de mantener intacto en una obligación consigo mismo, con su más pura esencia. Son las palabras del Cholo Simeone. Y es que casi parece imposible que desde allí arriba, donde tantas viejas glorias se reúnen, privando a los simples mortales del disfrute de algo único, don Alfredo vaya a dejar de observar a su Madrid, de alentar a los jugadores desde esa sabiduría infinita con la que el tiempo longevo, el mismo que se lo llevaba, le dotó.


Tras su llegada al Real Madrid, tal fue la capacidad de fusión entre Don Alfredo y el conjunto blanco, la simbiosis generada entre ambos, que la duda sobre qué fue primero casi toma forma en la mente de muchos. ¿Don Alfredorendía honores al himno o el himno se compuso en su honor?¿La fuerza se la dabaLa Saeta al escudo o el escudo a La Saeta? ¿Fue el Madrid el que le transmitió una idea de grandeza a la que él supo dar forma o fue Di Stéfano el que hizo grande al Real? Lejos de aquel 22 de septiembre de 1953 en que entidad y jugador rubricaban una unión más allá de lo pensable, la causa o la consecuencia dejan de tener importancia. Porque mito y escudo llegaron a ser uno. Y hoy que la persona desaparece, la idea toma más fuerza que nunca. No fue una forma de jugar al fútbol; fue un ideal; no fue táctica o técnica; fue un pensamiento; no fue un futbolista más; fue Real Madrid desde que nació.

Nunca pudo jugar un Mundial de fútbol; su gran cuenta pendiente


En aquel entonces donde el fútbol exigía menos y regalaba más, donde el espectáculo aplastaba a la comercialización, La Saeta Rubia gozó del gran honor de defender los colores de dos naciones: España y Argentina. Paradojas de la vida, ni con una ni con otra, don Alfredopudo acometer la conquista del mundo, siéndole ahí la suerte esquiva y cumpliendo con una curiosa certeza en la que el fútbol parece dejar siempre cuentas pendientes con los grandes, en lo que puede entenderse como un guiño a continuar la historia en alguna otra parte. La albiceleste se había negado a participar en los mundiales del 50 y el 54; ya conEspaña, en 1958, la clasificación se esfumaba, mientras que para Chile 62, una inoportuna lesión volvía a apartar a La Saeta de un Mundial.


Fue, quizás, lo único que faltó en una carrera de ensueño en la que nadie le regaló nada. Llegado a Chamartín de la mano de Don Santiago Bernabéu, tras la muerte de este, don Alfredo se convertía en el gran puntal de la institución, responsable y emisor de un legado que ha sabido transmitir a la perfección a las generaciones venideras. A estas alturas, son pocos los que le han visto jugar en un estadio pero todos, absolutamente todos, conocen de la obligación de un jugador del Real Madrid: dejarse la vida en el campo, morir por la camiseta, honrar el escudo. Tal fue el mensaje y la contundencia con la que Don Alfredo lo transmitió que la mera falta de uno de ellos enciende a la grada del Santiago Bernabéu en un feroz rugido de reproche y exigencia.


Di Stéfano: "Perseguimos una presa y la conquistamos. Y eso es el Real Madrid"


Alfredo Di Stéfano paseaba el blanco impoluto de la zamarra blanca orgulloso, alrededor de los estadios de Europa y el mundo; nunca la simpleza de un color había dicho tanto ni había evocado tales muestras de respeto. "Nosotros somos como Rintintín, que perseguimos la presa y la conquistamos. Y eso es el Real Madrid". Una idea tan sencilla como compleja. Y es que los caballeros de blanco, liderados por ese argentino rubio, de aspecto desgarbado y mirada confiada, sembraron una hegemonía que les valió apelativos como el de 'vikingos' o el 'Madrid Imperial'. Socios perfectos en la consecución de una idea imparable, de un convencimiento capaz de transformar a una institución en leyenda.


Cierto es que en la muerte, la figura de aquel que se marcha logra siempre aunar las buenas palabras e intenciones de todos aquellos que le conocían y de los que no; de adversarios, compañeros, aficionados, periodistas... pero Alfredo Di Stéfanopudo llevarse la satisfacción de haber logrado esa unanimiad en vida, al igual que sus reconocimientos, que los aplausos, que los méritos. "He sido relevante en el fútbol mundial y nada más, pero hay hombres de otras características que también han tenido una producción extraordinaria". Quedaba claro que La Saeta conocía de su relevancia, lo cual suma al asombro de que viera su papel con tanta sencillez, con tanta normalidad.

Di Stéfano vivió el tiempo suficiente para dejar un legado grabado a fuego


Alfreo Di Stéfano se despide del mundo con 88 años y apenas tres días después de haberlos cumplido. Aunque la percepción es siempre que la muerte llega demasiado pronto, lo cierto es que el mundo del fútbol ha de pensar -el madridismo en particular- que fue, en cualquier caso, el tiempo suficiente para dejar un legado a través del cual los que se quedan deben tomar compromiso con la misión que hasta la fecha había cumplido él. La afición blanca entiende la esencia de su equipo como una preciada joya ideada en la imaginación de Don Santiago Bernabéu y forjada en las diabluras de Don Alfredo Di Stéfano. Ninguno de los dos está ya aquí, entre las voces de ánimo y exigencia, entre las miradas críticas y los corazones defensores del blanco. El mensaje, sin embargo, sigue anclado a fuego y hierro en los cimientos de una afición que no ha de olvidarlo nunca.


El mundo del fútbol se vuelca hoy en la queja infructuosa por la ausencia y a buen seguro, desde allí arriba, a Don Alfredo nada de eso le estará pasando inadvertido; abrumado por una atención que, indudablemente, merece, el mejor jugador de la historia blanca lo tomará, seguramente, con esa filosofía tan característica de él: "Se han pasado. No me merezco todo esto, pero, como se dice en estos casos, no me lo merezco, pero lo trinco».

Luka Modric: la reivindicación del silencio


Luka Modric aterrizaba en el Real Madrid en el verano de 2012 y lo hacía con todas las dificultades que comporta ser un preciado tesoro en el equipo de Daniel Levy. El croata viviría entonces uno de los veranos más difíciles de su carrera, si no el que más en una agonizante espera que impacientaba el cumplimiento del sueño. José Mourinho le había solicitado expresamente para dotar de electricidad al centro del campo madridsita pero Levy tenía muy presente que si bien no iba a poder retener al habilidoso futbolista croata, sí se debía y le debía a los suyos complicar lo máximo posible la marcha de Modric. Y esta acabaría llegando. Al límite del cierre de mercado, como mandan los cánones para el propietario del club inglés, el croata podía respirar tranquilo sabiéndose, por fin, jugador del Real Madrid. Pero lo más difícil estaba aún por llegar.


Conquistar a la exigente grada del Santiago Bernabéu es algo tan fácil como difícil, una paradoja que conocen bien los más grandes jugadores del planeta, lso mejores futbolistas de la historia que, habiendo pasado por el coliseo vikingo, no se han librado nunca de la más férrea exigencia, el más implacable castigo y también de la más preciada y agradecida ovación. Porque Chamartín es un estadio que solicita laureles para respirar, una forma de vida a la que le condena no haber conocido otra. Lo que muchos perciben, en ocasiones, como injusticia, no es sino una honra a su propia historia. El Bernabéu agradece el esfuerzo pero este debe ser únicamente un camino hacia el verdadero objetivo: la victoria.
Primer año difícil

Haciendo frente a las dificultades lógicas de toda adaptación, a Luka Modric le tocó ponerse el mono de trabajo y empezar su particular camino, no ya sólo en el Real Madrid, sino también en su historia, única forma de entender las cosas que tienen los jugadores con ambición, aquellos que saltando al terreno de juego, se convierten en sus más duros jueces, en sus más severos críticos y también en sus más fervientes puntos de autoexigencia. Tablas todas ellas que salvaron a Luka Modric de naufragar en los vaivenes de la crítica exacerbada tan adherida al Bernabéu como el blanco de su zamarra.

Tras una primera campaña difícil, Modric aceptó el desafío de ofrecer lo mejor de sí mismo


Como todos los principios, el de Modric en elMadrid no fue sencillo. La ausencia de pretemporada, las prisas de un club en perpetua persecución de la gloria y el inminente arranque de la competición, evidenciaban las carencias del que llega a última hora, sin tiempo, sin preparación; algo que no deseperó en absoluto al jugador croata. Cincuenta y tres partidos, cuatro goles y ocho asistencias se convertían en su particular carta de presentación a la conclusión nueve meses después, la primera campaña, una toma de contacto necesaria para entender la realidad del Real Madrid, y un desafío que Luka aceptó de cara a ofrecer lo mejor de sí mismo, su verdadera esencia y el cúmulo de motivos que habían llevado a José Mourinho a solicitar su fichaje.

Segunda campaña de diversión


Y su momento llegó. El inicio de la temporada 2013/14 arrancaba con cambios en el banquillo pero la calidad de Modric no era objeto de duda para Carlo Ancelottiy curiosamente, tampoco para el Bernabéu, que no habiá escatimado esta vez en un recurso de muy difícil hallazgo entre sus aficionados: la paciencia. El desarrollo de la siguiente campaña como madridista exhibió al mejor Luka Modric, un jugador con una visión de juego privilegiada, una calidad técnica sólo al alcance de los magos del balón y ese sexto sentido que pocos futbolistas poseen para mover el cuero por huecos imposibles, para trazar caminos imaginarios que se convierten en sólidas realidades y para ratificarse en una faceta que ya le había consolidado: la del disparo lejano. Y es que si su técnica le daba para driblar, fintar, centrar y efectuar ese toque sutil que sirve para planear sobre mil obstáculos, su fortísimo disparo lo hace para desatacar defensas rocosas, enviando balones envenenados que también por tierra o por aire, sólo tienen como objetivo colarse en los dominios de la meta rival.

El Bernabéu tiene con Modric una sentencia más que dictada porque además de títulos, el croata conquistó el corazón del madridismo

Los dientes apretados de Modric en su primera campaña, luchando contra el mundo, se convertían en la sonrisa del que se divierte haciendo lo que más le gusta en su segundo año: travesuras sobre el terreno de juego en la particular conquista del mundo futbolístico. La consecueción de la Décima Champions League para el Real Madrid, no sólo eleva a Luka Modric, junto al resto del equipo, a los altares de la leyenda blanca, sino que de algún modo es también el punto de partida sobre el que se extienda un año más de contrato -como mínimo- para el croata. El Santiago Bernabéu tiene en Luka Modric una sentencia más que dictada porque más allá de títulos, el croata conquistó también el corazón del madridismo con su entrega, con su lucha sienciosa, demostrando que los gritos más válidos son los que van adheridos al impacto de un balón; que la mejor forma de esquivar una crítica dañina es un dribling sobre el tapete y que las bocas de ligero prejuicio se cierran con el impacto de la pelota estampándose contra la malla rival.


Luka Modric, hasta 2018


Modric se dejaba en Lisboa la característica melena rubia que le ha visto gambetear por los estadios de medio mundo en el trazado de esas jugadas de fantasía pero, a diferencia de lo que aconteciese a Sansón, Luka luchará por demostrar que su fuerza no estaba en una de sus marcas de identidad física, sino en esa perseverancia y tenacidad que le han convertido en un ídolo más del madridismo y que le permitirá disfrutar de un año más como futbolista blanco. El croata firmaba una renovación con un significado implícito, más allá de la satisfacción mútua entre jugador, club y afición: el silencio ha sido, para Luka Modric, la forma más efectiva de reivindicarse.

Diego López: el efímero cumplimiento de un sueño


Llegó, venció y se fue. No responde exactamente a la locución atribuida a Júlio César tras la batalla de Zela pero bien podría servir para explicar lo que ha sido la segunda etapa de Diego López en el Real Madrid, un regreso que poco podría imaginar el lucense y que, seguramente, no ha discurrido, en su plenitud, por los cauces para él deseados pero tras la que, sin duda, el ya exguardameta del conjunto blanco ha de llevarse un balance más que positivo en lo que a su aportación personal se refiere. Y es que si no son pocos lo que aluden a la estrella deIker Casillas, tampoco puede decirse que Diego López esté exento de ella.
Primera etapa como madridista, desde el 'C'

Siendo el Real Madrid un tren que, por lo general, pasa sólo una vez en la vida de pocos futbolistas, al lucense, esta oportunidad se le dio hasta en dos ocasiones; eso sí, en dos coyunturas muy diferentes. Corría inicialmente la temporada 2000/01 cuando el segundo filial del conjunto 'merengue' reclutaba al por aquel entonces meta del Real Club Deportivo de La Coruña B en sus filas, convirtiéndole, tras los años que acabaría pasando en 'La Fábrica' en un canterano más del conjunto blanco. No empezaron mal las cosas para el lucense en el Real Madrid C, tras acomodarse como titular en el equipo. A pesar de ello, en la siguiente campaña, Diego se marcharía cedido a la AD Alcorcón en una situación contrapuesta que amenazaba con frenar su evolución. La suplencia allí le llevó de regreso al Real Madrid C un año después, en la continuación de la lucha por triunfar en Chamartín. Y de ahí, evolución ascendente hasta el primer filial.


En el Real Madrid B, López volteó la moneda de su fortuna al pasar de apenas contar en el equipo la primera temporada de las allí vividas a disputar la nada desdeñable cifra de 32 encuentros en la siguiente, ascenso incluido a Segunda División. Su buen hacer en el 'B', tuvo como fruto la llamada del primer equipo, en el que lograría acomodarse en la temporada 2006/07 por detrás, eso sí, de un guardameta sinónimo de palabras mayores como Iker Casillas. Diego López sólo pudo disputar la Copa del Rey y ver confirmado su rol de suplente del mostoleño un año después, hasta que finalmente, en 2007, daría por concluida su etapa como madridista para enrolarse en las filas del Villarreal.
El inicio de la tormenta

Por todo lo arduo de la lucha desarrollada en su primera etapa como 'merengue', pocos habrían podido imaginar un regreso ante el mismo desafío: Iker Casillas. En la temporada 2012/13, la última de José Mourinho al frente del Real Madrid, nadie ignoraría la tensa relación existente entre el técnico portugués y el capitán del Real Madrid, que había visto su titularidad relegada en La Rosaleda, en favor, por aquel entonces para los intereses de Antonio Adán,suplente del de Móstoles. A pesar de ver recuperado su hueco en el 'once',Casillas topaba con el infortunio al lesionarse en Mestalla, consecuencia de una jugada fortuita con Álvaro Arbeloa, que le rompía la mano y le condenaba a varias semanas de sequía.

Si bien Antonio Adán se había erigido como un guardameta de garantías, la disputa de todo cuanto quedaba en liza en la temporada, exigía de un portero más experimentado y veterano.José Mourinho pensó entonces en él: Diego López, que había recalado un año antes en elSevilla. Ni siquiera hubo de pensarlo el lucense para saltar al particular abismo delReal Madrid, donde nadie conoce lo que le espera. El nivel de exigencia, los elevados objetivos, la entrega solicitada se convierten en condicionantes que aliñan una presión que no todos son capaces de soportar. Bien lo sabía y lo sabría mejor aúnDiego López.

Contra viento y marea, Diego


Los seis años trasnscurridos desde su marcha, habían dado para ratificar a la persona de Iker Casillas como uno de los mejores porteros del planeta, si no el mejor. López ya había sucumbido ante esta calidad en su primera etapa como 'merengue' pero, conocedor de la fortuna que le sonreía, concediéndole una nueva ocasión de superar y superarse, Diego aceptó el desafío. Su buen hacer en la portería madridista le valió para seguir disfrutando de la titularidad a pesar de que la recuperación de Iker Casillas era ya una realidad. Sin embargo, aquella constatación no sería, sino el principio de una pesadilla, de la que el guardameta lucense ha tratado de mantenerse al margen. La mala relación antes aludida entreCasillas y Mourinho disparó las convicciones acerca de los verdaderos motivos de la suplencia del mostoleño: ¿Jugaba Diego López porque era mejor o porque el banquillo era una forma de castigar la tensión existente entre el entrenador y el capitán de la nave blanca? Las opiniones se disgregaron en una y otra dirección.

La presión se cernía de forma especial y dañina sobre los dos porteros del Real Madrid, acuciados a dar lo mejor de sí sobre el terreno de juego y a pagar con creces el error. Ambos trataron de abstrarese del peso mediático de la situción y poner sus cinco sentidos en su profesionalidad, en la correcta ejecución de su trabajo y en el cumplimiento de sus objetivos. Difícil.

Ancelotti le ratificó


Con la temporada finalizada y la posterior marcha de José Mourinho en favor deCarlo Ancelotti, muchos fueron los que pensaron en un retorno a la titularidad de Iker Casillas. El foco del conflicto o, cuanto menos, parte generadora del mismo se había marchado y sólo cabía esperar que la cosas regresasen a su lugar. Pero para Carlo Ancelotti ese lugar tendría poco que ver con el orden prestablecido que muchos fijaron. Tras el fiasco de la Copa Confederaciones en la final, donde la selección española caía estrepitosamente ante Brasil, Diego arrancaba en la pretemporada 'merengue' como titular, una titularidad que prolongó durante la disputa del campeonato nacional de Liga en la campaña 2013/14. Para sorpresa de muchos, Casillas adquiría el papel protagonista enCopa del Rey y en Champions League.

No se puede decir que las cosas le fueran mal al técnico de Reggiolo con este sistema. Alternando la titularidad en la portería, los blancos conquistaron Copa y Champions y pugnaron por la Liga hasta el final, momento en el que Ancelotti decidió turnar la propiedad de la portería para mantener aCasillas en forma de cara a la importante final de Lisboa que se disputaría tras la conclusión del campeonato nacional de Liga.

El adiós definitivo


A pesar de todo, la situación parecía improrrogable y de nuevo la pretemporada 2014/15 debería erigirse en determinante para clarificar al dueño de la portería blanca. Un dueño que no será, en ningún caso ya Diego López. Pese a la firmeza con la que su representante repetía que el lucense continuaría, este pone punto y final al cumplimiento de sun sueño agridulce y efímero, breve, como todo aquello que se disfruta más pero con la sensación del que, sabiéndose cumplidor de aquello que se le exigía y de un poco más, toma el camino de la despedida.

Diego López deja en el Santiago Bernabéu la impronta de un héroe de sueño efímero, que, sin miedo a los fantasmas del pasado que nublaron su camino en la búsqueda del triunfo, regresó para ver cumplido el anhelo de todo niño que viste de blanco. Diego Lópezsoñó, regresó y cumplió.

Gareth Bale, el hombre de las finales


Llegó al Real Madrid en el vaivén de una sensación extraña para convertirse en el ala derecha del equipo blanco, toda vez que la zurda tiene dueño, señor y rey:Cristiano Ronaldo. Su arduo fiachaje azuzó la impaciencia madridista por ver al Mejor Jugador de la Premier League en filas vikingas pero por otro lado, los recelos ante la falta de pretemporada y las lesiones que amenazaban con minar su llegada al equipo, se convirtieron en sombras que, junto a un polémico precio aún no esclarecido, planearon sobre la cabeza del galés desde el primer día. AGareth Bale no le esperaba una etapa sencilla y buena muestra de eso podía dársela su excomapñero en el Tottenham, Luka Modric, que ya había pasado por aquel particular infierno un año antes.

Nueva vida; nuevo idioma; nuevo equipo y nueva cultura. Una adaptación a contreloj sin tiempo a engrasarse y encajar en un Madrid con sempiterna prisa por llegar a todo. El debut de Bale se retrasó por esas lesiones que prendieron la llama de la habladuría en murmullos que especulaban con la dolencia real del '11'. No obstante, el galés debía tener muy claro que si algo relega todo a un plano secundario en el fútbol, esos son los goles. Y las asistencias. Y en defintiva, los números objetivos, que lejos de filias y fobias colocan a cada uno en su lugar.

Bale acaba la temporada con 21 goles y 17 asistencias

Una temporada después, Gareth Balepone fin a su primera año como jugador blanco con 21 goles marcados y 17 asistencias concedidas. Números en absoluto desdeñables para el 'novato de oro' en filas blancas, para un jugador cuyas expectativas, disparadas, no pueden haberse visto defraudadas en absoluto; más todavía cuando se tiene en cuenta la relevancia de algunos de esos goles.

Héroe en la Copa y en la Champions


Con la ausencia de Cristiano Ronaldo en la final de Copa, el galés estaba llamado a erigirse en el hombre que tirase del carro, en la gran estrella. Había logrado avisar el de Cardiff al FC Barcelona en la final de Mestalla, sin suerte hasta que a punto de cumplirse el tiempo reglamentario y con empate a uno en el marcador, merced de los goles de Ángel Di María y Bartra, cuando Balerecogía un pase de Coentrao por la derecha y activaba el turbo banda arriba, por la zurda, en perfecta sustitución del ausente Cristiano. Bartra trataba, y lograba, sacarle del campo con un fuerte empujón que no propició la queja ni el desistimiento del galés; Gareth retomó la senda señalada por la línea de cal para adentrarse en los dominios de Pinto y concederle a los suyos el éxtasis del primer título: la Copa del Rey.

No contento con eso y en plena lucha por el trono europeo, el Madrid retomaba oxígeno con el tanto de Sergio Ramos en el minuto 92 cuando el Atlético de Madrid soñaba con alzar al cielo de Lisboa su primer entorchado. Y en una prórroga que se antojaba agónica y cargada de sufrimiento y extenuación, volvió a aparecer él para poner por delante al conjunto blanco por primera vez en el encuentro. Su tanto de cabeza le redimía por los fallos anteriores, pues el deCardiff rozó el gol en numerosas ocasiones sin suerte.

A partir de la primera ventaja en el luminoso de da Luz, las otras dos dianas, producto de Marcelo y Cristiano Ronaldo, llegaron solas para redondear el resultado que confirmaba la reconquista de la Champions League. La Décima. De nuevo Bale tuvo ahí un papel fundamental con el gol que modificaba el reparto en el peso de la balanza. Gareth Bale es el hombre de las finales; dos finales que le han valido a los blancos dos títulos en su primera temporada como madridista. Y el galés promete más y mejor en una temporada -la siguiente- que sí podrá completar desde el principio.

El momento de Gareth Bale (2013/14)


"Nunca te rindas, trabaja duro y siempre esfuérzate para tener éxito". Estas palabras de Gareth Bale bien podrían definir lo que fue su carrera por la banda izquierda de Mestalla en la persecución de ese ultimo gol, con apenas seis minutos de tiempo por delante, que hacía estallar de júbilo al madridismo. "Nunca te rindas". Y Bale volvió al terreno de juego tras el empujón de Bartra, que le mandaba más allá de la línea de cal. "Trabaja duro". Y la cabalgada continuó, imparable, cerrando el ángulo hasta el área defendida por Pinto, que aguardaba como el que ve a un expresso abalanzándose sobre él. "Esfuérzate para tener éxito". Y ya frente a su objetivo, la localización de un trazado imposible para enviar el cuero al fondo de la malla barcelonista. 1-2 con 84 minutos de tiempo disputado y la rabia contenida de quien se sabe blanco de juicios, a veces injustos.

39 partidos disputados, 20 goles anotados y 17 asistencias dadas -sólo su última temporada en el Tottenham mejora su media goleadora actual; la de asistencias, es la mejor de su carrera-. Los números ofrecen poco lugar a duda y se aúnan como aliados por una llamada que habrá de hacer frente a otro número no menos estratosférico. Según el Real Madrid, Gareth Bale costaba 91 millones; según el Tottenham, costaba 100. Sea cual sea la realidad, lo cierto es que la cantidad desembolsada por el jugador galés le convierte en uno de los futbolistas más caros de la historia y eso, sumado a la presión inherente que conlleva jugar en el Real Madrid, multiplica la presión hasta límites difíciles de sobrellevar. En contra del ex de los 'Spurs', además, la inexistencia de una pretemporada que le hicera llegar en el mejor estado de forma posible; la existencia de lesiones que minaron una y otra veaz su inicio en Chamartín y las continuas liberaciones de lenguas y plumas de difícil contención que ni siquiera aguardaron a lo prudencial para agravar el peso de la losa con la que ya carga Gareth Bale. 

La sombra de la reticencia


Bale aterrizaba en Chamartín tras un verano turbulento, de esos que acostumbra a ofrecer el Tottenham cuando un club se interesa por uno de sus grandes jugadores. Sucedió con Luka Modric y se repitió con Gareth Bale. Pocas posibilidades tenía Daniel Levy de retener a su gran estrella, toda vez que esta había manifestado su deseo expreso por partir hacia el Real Madrid y jugar, codo con codo, con su gran ídolo confeso: Cristiano Ronaldo. No obstante, elTottenham acostumbra a capitular ofreciendo batallas agotadoras, de un gran desgaste psicológico tanto para el club que pretende hacerse con sus más preciadas joyas como para el jugador que desea formalizar su salida en cuestión. Y esta vez no fue una excepción. Levy dilató el fichaje todo lo que pudo y algo más, ocasionando que el galés llegase al Bernabéu con la pretemporada ya cerrada y con la férrea necesidad de subir a un tren ya en marcha. Y lo hizo.

Las continuas lesiones sufridas a principio de temporada, no obstante, complicaron aún más su integración y prendieron la llama de esos recelos que hacían preguntarse al madridismo si había sido necesario y convieniente desembolsar una elevada cantidad de dinero por un jugador cuyo rendimiento en España estaba aún por ver y que, aparentemente se prolongaría en el tiempo. Porque el Madrides un club, por necesidad e histórica exigencia, no puede esperar a nadie.

El príncipe silencioso


Las dudas por lo que Bale podía llegar a ofrecer y por lo que no, pugnaban con lo que el galés había exhibido en la Premier League, una de las más potentes -si no la que más- Ligas del planeta, donde había sido nombrado, por dos temporadas consecutivas como el 'Mejor Jugador Joven', entre otros tantos reconocimientos. No era para menos: 203 partidos, 55 goles y 58 asistencias fueron el bagaje total de seis campañas con una evolución imparable.

Bale debutaba ante el Villarreal en la cuarta jornada de Liga y lo hacía con un gol que le servía a los suyos para arrancar un punto de El Madrigal en un encuentro que se complicó mucho más de lo esperado para los hombres de Carlo Ancelotti.Hasta tres jornadas más habrían de transcurrir para que el Bernabéu pudiera disfrutar de su flamante fichaje y lo haría ante un partido especial aunque con un resultado que no acompañaba: el Atlético de Madrid tumbaba la inexpugnabilidad del coliseo madridista para llevarse los tres puntos sin que niBale ni ningún otro jugador blanco lograse perforar la portería defendida porThibaut Courtois.

Respetando la jerarquía en el vestuario y su papel de recién llegado, Bale se limitó a trabajar


Y las críticas no cejaron en focalizar su objetivo sobre Bale, futbolista en el que estaban puetas todas las expectativas goleadoras y que no acababa de ofrecer sobre el campo aquello que ya había convertido en rutina en su anterior equipo. Respetando la jerarquía en el vestuario y su papel de recién llegado, Bale se limitó a continuar trabajando y, a trancas y barrancas en una temporada sin posibilidad de una correcta preparación, intentó tapar bocas con asistencias, con goles y con fogonazos de un talento extenuado en la lucha contra lo adverso, que no era poco.

El reflejo de Cristiano Ronaldo


Cuando el Real Madrid acometía el fichaje de Gareth Bale, lo hacía bajo la ensoñación de unas alas únicas e inigualables en el panorama futbolístico mundial. Que el galés iba a tener su sitio en el 'once' inicial era algo indudable y que incluso llegó a hacer cuestionarse su continuidad a jugadores como Ángel Di María o incluso a abandonar el club repentina e inesperadamente, como fue el caso deMesut Özil. Imaginar, por tanto, una zurda con Cristiano Ronado en trazados inacabables y una diestra con Gareth Bale en vuelos vertiginosos se había convertido en el anhelo de todo madridista y aficionado al fútbol. Las similitudes en el juego de los dos es, además, indiscutible, aunque para muchos el rol de uno y otro y esos aspectos que les asemejaban, acabarían por generar una confrontación de egos y una crispación en el vestuario del Real Madrid.


Pero Bale ha sabido en todo momento ubicar su rol en el vestuario y respetar la jerarquía de un jugador que ha de ser su espejo en todo. Los 94 millones de euros que en su momento amenazaron con lastrar el rendimiento de un jugador -Cristiano Ronaldo- que había destrozado marcas en el Manchester United,acabarían tambíen pulverizados ante los estratosféricos números alcanzaodos por el crack luso, historia viva ya del Real Madrid. Del galés no se esperaría menos pero, conciente de que si bien su calidad estaba encauzada a seguir el camino trazado por Cristiano, su papel le obligaba a relegarse en un plano secundario,Bale no ha hecho sino aceptarlo y trabajar en la construcción de su obra desde los cimientos, encargándose de recordarle al mundo que tiene muy clara cuál es su meta.

Su momento


Los goles y las asistencias han supuesto las piedras con las que construir su particular camino, con las que acallar bocas y críticas desmesuradas ante un jugador para el que todo ha sido crítica, exigencia y ni siquiera un mínimo margen de duda. No han sido pocos, de igual modo, quienes le han reclamado al galés su no determinación en momentos en los queCristiano Ronaldo no ha estado sobre un terreno de juego, algo que en esta temporada ha sucedido más hbitualmente de lo que los aficionados estaban acostumbrados a vivir. El mal partido en Dortmund fue un claro ejemplo de ello. Sin la figura del crack portugués, lsa miras estaban puestas en Bale, que no se diferenció del resto del equipo en un encuentron con poco fútbol para los 'merengues', con excesivo sufrimiento y que a día de hoy supone la única derrota que los blancos han sufrido en la presente campaña europea.

A pesar de todo, Bale, en la línea del resto del equipo, trató de sobreponerse al sobresalto de Dortmund y continuar ofreciendo los frutos de su rendimiento. "Le fichamos para partidos como este", decía Florentino Pérez a pocas horas de la final copera ante el FC Barcelona. De nuevo y a pesar de los esfuerzos por evitarlo, Cristiano Ronaldo volvía a quedarse fuera de tan importante choque y de forma inevitable, el foco volvió a centrarse en el futbolista galés, ansioso de dar con uno de esos momentos mágicos que el madridismo debía empezar a coleccionar para convertir la duda en esperanza y la reticencia en paciente fe.

Ocurrió de la mejor forma posible: en un final cuyo tiempo agonizaba, con empate en el marcador, con un rival lanzado a por su única tabla de salvación en una temporada de naufragios. Cabalgada por la banda izquierda, el reino de su ídolo, ausente sobre el terreno de juego y convertido en un manojo de nervios en la grada de Mestalla; como si de las más voraces críticas se tratase, Bartra trataba de apartarle de su trazado, de su meta, llegando, en parte, a conseguirlo. Pero aferrado a su fuerte voluntad de perseguir la senda establecida, el galés adelantaba el balón, entregándose a la fe en su velocidad, la cual le llevaba en bolandas a recueprar una posición que tenía perdida ante el zaguero culé y plantarse en los dominios del éxito para hacer estallar la gloria. Bale daba la Copa a los suyos en el que muchos definen ya como el tanto más importante de su carrera.

Luka Modric, la distancia como aliada


Si para muchos la distancia es el escollo entre un principio y su final, el vacío que se interpone entre ellos mismos y sus metas, para Luka Modric, no es sino el perfecto aliado en el alcance de las suyas. El croata ha hecho del aire su particular autopista, el trazado invisible del esférico en la búsqueda del gol, una faceta del juego que no le ha caracterizado en gran medida a lo largo de su carrera pero a la que en el Real Madrid le ha otorgado su particular sello de identidad. No importan los metros hasta la portería ni las piernas o cabezas que puedan obstaculizar la trayectoria del balón; el ex del Tottenham se asoma al balcón del área para enviar continuos cometas con destino en la malla rival. Cuando el adversario se encierra o teje su particular laberinto en la labor de salvaguardar su arco, la visión de Luka Modric se agudiza para dar con ese hueco imposible, con ese camino que nadie más ve para enviar el esférico en un vuelo fugaz hacia la gloria.

Seis misiles; seis dianas


Modric ha demostrado ser un especialilsta en los 'misiles' a larga distanciaDe la más exhacerbada crítica al más merecido elogio. De la oscura sombra del fiasco al deslumbrante foco del genio. Así ha sido la evolución de Luka Modric en la que está siendo ya su segunda temporada en el Real Madrid. José Mourinho solicitó su fichaje en su momento con la clara idea de que el croata no era un hombre de gol, algo que dejaban en evidencia sus 17 tantos en 170 partidos con el Tottenham, club que le vio eclosionar entregando lo mejor de sí mismo y deslumbrando a media Europa. Lo que en el conjunto blanco se buscaba de él era todo aquello que le convierte en un súper futbolista: visión de juego, calidad técnica, toque con el balón, magia en las botas y capacidad de sacrificio. No obstante, desde que Modric inaugurase su particular cuenta goleadora con el club de Chamartín, además ha demostrado ser especialista en algo más: misiles a larga distancia. Y es que de los seis goles que lleva con la zamarra blanca, todos y cada uno de ellos los ha conseguido desde fuera del área.

Es necesario remontarse hasta la jornada 10 del campeonato nacional de Liga 2012/13, el de su llegada al Madrid, para asistir a la inauguración de esta faceta-. Modric envió su primer misil ante el Real Zaragoza en el minuto 92 de partido, con 3-0 ya en el marcador; un gol que servía para redondear el resultado final (4-0) que los blancos le endosaban a los maños en el Santiago Bernabéu. El croata llegaba desde atrás para poner fin a la sucesión de rechaces, y frente a la media luna acabaría estableciendo su primer zambombazo, algo que acabaría convirtiendo en marca de la casa.

Con el estreno en Liga hecho, lo próximo sería hacerlo en la máxima competición continental, la UEFA Champions League. Varió la competición y varió la trascendencia del tanto; si el primero de ellos suponía el suma y sigue a una goleada, el segundo resultaría determinante para certiticar el pase a los cuartos de final de la Liga de Campeones, nada menos que en Old Trafford cuando el autogol de Sergio Ramos condenaba a los 'merengues' tras el empate cosechado una semana antes en Chamartín. El zarpazo de Modric, otro bombardeo desde fuera del área, supuso un soberbio bofetón para los suyos, que al margen de ver el marcador equilibrado otra vez, despertaron para sentenciar con el 1-2 deCristiano Ronaldo y rubicar el pase a la siguiente ronda europea con un disparo desde el balcón del área ,que topaba con el poste para acabar batiendo a De Gea.

Pero Modric no había tenido suficiente y sólo necesitó dos partidos más para repetir. De nuevo sería en el campeonato liguero y de nuevo como suma a una goleada 'merengue', la que le endosaron los hombres de José Mourinho al Mallorca en el Santiago Bernabéu (5-2). En esta ocasión, sin embargo, su tanto tendría mucho más significado que uno más entre cinco y es que el del croata era el 3-2, el que rompía el empate de un partido que el Madrid había empezado perdiendo y en el que se había visto por detrás en el marcador hasta en dos ocasiones. En su plan de rescate habitual, Modric llegaba corriendo hacia la frontal y esta vez fue un misil tierra-aire el que entró sin que Aouate se percatase.(Foto: defensacentral.com).


Asiduo invitado a las fiestas goleadoras de su equipo, Modric cerraría su particular bagaje goleador la pasada temporada ante el Málaga en el Bernabéu (jornada 36), estableciendo el 5-2 (resultado final 6-2) en un duelo que los malacitanos estaban batallando y complicando a los 'merengues'. El futbolista croata asomaba de nuevo desde la frontal para disparar raso y con potencia un balón que golpeaba en el poste de la portería defendida por Kameni para acabar colándose hasta la red, el marcador y el festival.

Mejor rendimiento; misma precisión en el disparo


Su segundo año en el Madrid, está siendo el de su consolidaciónA pesar de los goles anotados y de la relevancia de alguno de ellos, la primera temporada deLuka Modric en el Real Madrid, no será, seguramente la de mejor recuerdo para el croata. Habiendo gozado de muchos minutos de juego, su presencia no era algo indiscutible en los 'onces' de José Mourinho, habida cuenta del discutido rendimiento del jugador croata, que llegaba al Real Madrid sin pretemporada y tratando de alcanzar su mejor estado de forma a trancas y barrancas. Pero las cosas serían muy distintas en su segundo año, el de su consolidación, el del verdadero Luka Modricy si el futoblista de Zadar ha exhibido con Ancelotti lo mejor de su repertorio, también ha sabido mantener lo bueno de la pasada campaña. El croata sigue concediéndole a sus goles sus particulares señas de identidad: potencia, precisión y distancia.

Si en la pasada temporada Modric había elegido el campeonato liguero para estrenarse en la faceta goleadora, en la 2013/14 lo hizo en Champions League ante el Copenhague. Recorte en la frontal, ligeramente escorado hacia la derecha y tras cargar su particular fusil, el croata se sacaba un trallazo impecable para que el cuero se colase por toda la escuadra, abriendo un marcador que luego redondearía Cristiano Ronaldo (0-2).

La última perla con la que el internacional croata ha obsequiado a la platea, llegaba ante el Getafe en Liga, completando la cuadratura de marcar siempre enLiga y Champions. El '19' blanco recibía de Marcelo para sacarse un remate raso que batía al meta getafense Miguel Ángel Moya para establecer el 0-3 definitivo. Vuelos mágicos con un punto de partida y un destino tan alejados como interconectados; desde la pierna de Modric hasta la malla del guardameta que se defiende de él y de los suyos, en un trazado inquebrantable con potencia, medida y precisión. Luka Modric en estado puro.

El último campeón del viejo San Mamés


No es precisamente pequeño el desafío que se le presenta al actual San Mamés, cuyos muros se erigían al mismo tiempo que la particular cuenta atrás de la vieja 'catedral' arrancaba. De su antecesor como santuario rojiblanco, San Mamés ha de heredar una magia y una mística que poseen muy pocos estadios en el mundo, algo que sólo confiere el tiempo, la acción plasmada sobre el terreno de juego, sobre las gradas, elección muda y consensuada de un instante destinado a convertirse en leyenda. Los cien años de vida de 'la catedral' dieron para un sinfín de ellos y ese legado es el inicio perfecto para escribir la historia del nuevo coliseo bilbaíno. Pero para un equipo com el Real Madrid, lo legendario es una llamada a participar, a dejar su impronta, a formar parte de esos capítulos diferentes en un rol muy alejado del del mero testigo.


De ahí que en la temporada de su último triunfo como campeón de Liga, los blancos -o el detino- eligieran un escenario único, mágico, impregnado en la esencia del fútbol en su más puro estado a la altura de una gesta como la del triunfo final: San Mamés. El verde tapete, propiedad del Athletic Club había sido testigo del último gol de Alfredo Di Stéfano con la zamarra blanca lejos delSantiago Bernabéu; la sensibilidad de su ambiente palpó los nervios en el debut de Iker Casillas. Y la diosa Cibeles, símbolo de la conquista para el madridismo, sometió a los leones en su propio estadio para atarlos a su particular carro en un homenaje a Melanión y Atalanta -dos enamorados que la mitología acabaría tranformando en leones para tirar dle carro de Cibeles-, doblegados para portar al único equipo en la historia que ha entonado el 'Alirón' en el viejo San Mamés.

La profanación de 'la catedral'


Habiendo arrancado el campeonato nacional de Liga en la temporada 2011/12 con una jornada de retraso por la huelga organizada por la AFE, el primer encuentro, que debía haber enfrentado a Real Madrid y Athlteic en el Santiago Bernabéu, se trasladaría a la vigésima jornada, convirtiéndose esta en la trigésimo séptima. Toda esta rocambolesca modificación de fechas llevaba a los blancos a San Mamés un 2 de mayo con la posibilidad de certificar de una vez el título de Liga, un campeonato por el que había pugnado desde el principio a golpe de récord.

Cristiano Ronaldo fallaba un penalti en el minuto 12Otorgándole la casualidad un plano primario a la causalidad por encima de ella misma, cabe aceptar que todo ocurre por algo y es que la dorada historia del Real Madrid solicitaba un capítulo más en San Mamés, una despedida de 'la catedral' a la altura, un puñetazo sobre la mesa que a base de garra y casta llegó. Nada parecía indicar que esto sería tan sencillo cuando Cristiano Ronaldo lanzaba un penalti señalado sobre Javi Martínez para que Iraizoz expusiera sus credenciales a erigirse en uno de los últimos héroes de San Mamés; el luso fallaba su segunda pena máxima consecutiva tras aquella que había hecho capitular a los blancos ante el Bayern de Múnich en la competición por excelencia del conjunto 'merengue' -laChampions-, a tan solo un paso de la anhelada final. La advertencia de que los 'leones' presentarían batalla, la tomaba el Madrid con regocijo y sus particulares guerreros se remangaban para recoger el guante.

La respuesta blanca fue inmediata: gol de Gonzalo Higuaín. Con su destino 'entre dos aguas', por la indecisión de continuar en el Real Madrid o lanzarse a nuevos desafíos, el amor propio del argentino tiró del 'Pipita' hasta el final, mostrando el camino a seguir para los hombres dirigidos, en aquel entonces, porJosé Mourinho. Y la batalla había empezado, una intención que secundaba el mago, incapaz de resitirse a practicar su magia en un escenario construido para ello, una invitación a la fantasía, ataviada de verde, rojo y blanco. Extraordinaria jugada por la derecha de Cristiano Ronaldo, que trazaba un envío perfecto para que el cuero surcase el área en medida búsqueda de la bota de Özil, y el alemán sólo tenía que empujarla, batiendo por segunda vez a Iraizoz.


El orgullo del león herido despertó cuando menos se le esperaba para rugir por la propiedad de su sacro territorio, un bramido que resonaba en los cimientos de la catedral en preámbulo a los zarpazos que tratarían de retener el triunfo en San Mamés. Ibai Gómez, De Marcos e Iñigo Pérez lideraron la acometida pero la diosa Fortuna se aliaba aquella noche con su homóloga Cibeles para someter a los 'leones'. Y en un instante destinado a la leyenda no podía faltar él, aquel que había recorrido el camino hasta ese punto a base de tumbar desafíos, de pulverizar récords, de exponer su nombre como candidato a una ubicación que siempre querría más: Cristiano Ronaldo. El portugués estampaba su huella mediante un cabezazo a la salida de un córner que serviría para rubicar el triunfo definitivo, el 0-3 final y el último gol del Real Madrid en la 'catedral del fútbol'.

Perfecta despedida para los blancos


San Mamés atestiguaba con su orgullo herido la celebración del campeón, la profanación de su templo de manos de un rival acostumbrado a abrir la veda en situaciones nunca dadas y en proezas nunca alcanzadas. Aquella era la primera y única vez que un equipo que no era el Athletic Club de Bilbao, conquistaba el título en aquel verde y al igual que los locales tratarán de que la herencia dejada por su viejo templo sea el inicio perfecto para la andadura por su nueva catedral, los blancos también harán lo propio. La inexpugnabilidad de San Mamés ha demostrado estar a la altura de su antecesor, pues sólo el Atlético de Madrid ha conseguido hasta la fecha arrancar una victoria en territorio bilbaíno, un desafío demasiado llamativo como para que los madridistas no vayan a tomarse en serio su alcance.

El salto Real, de Santillana a Cristiano Ronaldo: un vuelo hacia la historia


El gol de Alfredo Di Stéfano, la velocidad de Paco Gento, el carácter de Juanito, la perseverancia de Raúl González y la capacidad de salto de Carlos Santillana. Los retazos de las más marcadas señas de identidad en el Real Madrid confluyen en la persona de Cristiano Ronaldo. El luso está llamado a marcar una época dorada en la gloriosa historia del club blanco y en el aprendizaje de todos aquellos que precedieron reside la clave para conseguirlo.


Hoy el Real Madrid se juega en El Sadar el pase a los cuartos de final ante Osasuna, el duelo definitivo tras el disputado la pasada semana en el Santiago Bernabéu, un encuentro que dejaba una imagen digna de ser detenida en el tiempo para emular y recordar a quien bien pudo haber sido su maestro en el arte de volar. Cristiano Ronaldo, flamante Balón de Oro de 2013, se elevaba por encima de los defensas osasunistas para tratar de cazar un balón que buscase en letal vuelo las redes rivales. Y como suele ocurrir cada vez que el astro luso rememora a uno de los grandes de Chamartín, en las gradas alguien debió invocar el más nostálgico y cómplice recuerdo de Carlos Alonso Santillana.

El propio Santillana se mostraba sorprendido con el salto que le elevaba a él mismo por encima del remate mortal para buscar algo más, un paso al frente en el firmamento del Bernabéu o el estadio que lo requiriese en cada momento: "A veces yo también me lo he preguntado porque mido 1,76, bajito, bajito para ser un gran rematador de cabeza. Yo he metido muchos más goles con el pie que con la cabeza, lo que ocurre es que los que marcaba de cabeza provocaban muchas fotos espectaculares", revelaba en una entrevista concedida al diario As hace ya algunos años. Y bien hubieran podido ser estas palabras de Cristiano Ronaldo, salvo por los centímetros de más -1.86-, pues la diestra del portugués conoce mucho mejor del arte de marcar gol, aunque no por eso puede eludirse que los remates de cabeza del jugador de Madeira resultan tan espectaculares como efectivos en muchas coasiones.

78 centímetros sobre el césped


El salto ante Osasuna se suma al que pudo verse en el Trofeo Teresa Herera ante el Deportivo de La Coruña, que para muchos se asemeja de forma indudable a uno de los más famosos de Carlos Alonso Santilla, el vivido en elSantiago Bernabéu ante el Rijeka en la copa de la UEFA o ante el Inter de Milan en la vieja Copa de Europa.Cristiano se eleva hasta una altura de 2.67 metros En ese entonces, al respetable le bastaba con deleitarase ante la capacidad del cántabro y disfrutar de sus saltos sin preoucparse de nada más; hoy, la curiosidad y la incesante búsqueda de respuestas, lleva al aficionado más allá y para la satisfacción de ello aparece la biomecánica. El doctor Neal Smith, experto en biomecánica de la Universidad de Chichester (Inglaterra), aseguraba en 2011 que Cristiano Ronaldo es capaz de elevarse 78 centímetros con el impulso de los brazos y 44 sin él- , siete más que la media de jugadores de la NBA, lo que le lleva a alcanzar una altura de 2.67 metros. Su fuerza de despegue (G-force) la situó el doctor Smith en 5g, un nivel descomunal que en poco ha de sorprender si se conoce el constante trabajo y la exigencia exacerbada que el luso tiene consigo mismo y con su cuerpo.


Otro de los saltos para el recuerdo y la sorpresa de propios y extraños lo dejabaCristiano ante su exequipo, el Manchester United en la Champions League del pasado año, unos octavos de final que midieron al Real Madrid con los 'red devils' y que de nuevo llevaron a Cristiano hasta el firmamento para enviar un cabezazo endiablado al fondo de la malla inglesa, quedando sus rodillas a la altura de la cabeza de Patrice Evra. “Cristiano tiene unas condiciones físicas increíbles, es un verdadero atleta. Se eleva muy bien en el gol y maneja muy bien el juego del cuello para dirigir el balón”, explicaba el propio Santillana sobreCristiano. "Pero la clave también está en esa décima de segundo en el aire. Eso es una condición innata que se tiene o no se tiene y que te permite evitar que el defensa llegue antes que tú", sentenciaba el cántabro.

El salto anteriormente aludido ante el Manchester United era evaluado y analizado por el progama de televisión Punto Pelota que determinaba que "Cristiano saltó 30 centímetros en el momento de la arrancada sobre el terreno de juego y 1,23 metros en el momento de mayor elevación sobre la superficie. En este momento, su cabeza llega a los 2,93 metros y se sitúa a 1,14 por encima de Evra". "En el gol ante el Manchester la parte más alta de su cuerpo superaba el travesaño, como el que le marcó al Chelsea en la final de laChampions con la camiseta del United o contra el Tottenham, en el que consigue elevar su cabeza a 3,09 metros del suelo", sentenciaba Nacho Telladoen la elaboración del análisis del salto del portugués mediante un ordenador.


Otro estudio de biomecánica realizado por la marca de lubricantes Castrol ponía en su día a prueba la capacidad del luso en el salto y remate de cabeza, determinando que el portugués gana más del 65% de los balones aéreos. Una conjunción perfecta de fuerza corporal, control mental y técnica en un solo atleta, que llevan al luso a la contínua búsqueda de la perfección en todas las facetas del juego, llegando en muchas ocasiones a rozarla. Sea desde la naturalidad y la búsqueda de recursos innatos de Carlos Alonso Santillana en la conquista del aire como arma para buscar el gol, o desde la técnica depurada, trabajada, pulida y calculada de Cristiano Ronaldo en el plus de una capacidad anotadora brutal, lo cierto es que ambos jugadores han convertido el espacio aéreo delBernabéu en un terreno propicio para escribir la historia.